LA IRRESPONSABILIDAD Y EL MERCENARISMO ESTA DESTRUYENDO LA ESENCIA DEL NOBLE ARTE DE LOS PUÑOS

 


La situación actual del boxeo resalta preocupaciones muy relevantes y reflexivas sobre la dirección en la que se mueve este deporte. La combinación de organizaciones paralelas o informales, la falta de regulaciones estrictas y la influencia de elementos externos como las redes sociales, la politiquería y el amiguismo 
 han creado un entorno complejo y a menudo perjudicial para la esencia del boxeo.

La proliferación de combates organizados por entidades secundarias creadas con fines lucrativos a corto plazo, con promesas de futuros promisorios y títulos inexistentes o títulos inventados  en detrimento del  respeto a las normas y estándares establecidos pone en riesgo no solo la integridad del deporte, sino también la seguridad y la salud de los atletas. La necesidad de un marco regulatorio más riguroso es esencial para evitar que jóvenes ilusos e inexperimentados se expongan a merced de mercenarios de turnos y a situaciones de riesgo innecesarios. Cabe añadir a esto la inescrupulosa participación de pseudos instructores o entrenadores que se autodenominan como tales, en algunos casos porque fue boxeador u otros lo aprendieron viendo películas de rocky, destacando que para cumplir dichos roles se necesitan mucho mas que haber subido a un ring y por sobre todo tiene que tener el registro oficial que lo habilite como tal otorgado por las entidades que corresponden, como ocurren en todas las profesiones.

Es vital que las organizaciones oficiales tomen medidas efectivas para garantizar que los boxeadores cumplan con estándares claros y justos, protegiendo así la tradición y la legitimidad del boxeo. Asimismo, la colaboración entre las entidades reguladoras y las Federaciones es fundamental para fomentar un desarrollo saludable y sostenible del deporte, en este contexto, la Entidad rectora nacional del deporte tiene déficit en los controles ya que en la propia casa del deporte se propicia la informalidad al permitir que organizaciones vinculadas al deporte realicen y fiscalicen eventos de boxeos sin la participación de la entidad nacional que regula ese deporte.

El fenómeno de los espectáculos de boxeo que priorizan el entretenimiento sobre la competencia genuina refleja una transición preocupante hacia una cultura que podría trivializar el boxeo y despojarlo de su profundidad y complejidad. Este enfoque superficial no solo afecta la percepción pública del deporte, sino que también aliena a los verdaderos talentos que han dedicado años a perfeccionar sus habilidades. Hoy vemos que atletas de otras modalidades de deportes de contactos se aventuran a entrar en un ring sin la debida preparación para este deporte en vista que cada modalidad tienen diferentes enfoque de entrenamiento y por sobre todo diferentes reglas y organismos que las regulan, dicho esto las Federaciones de uno u otras modalidades pierden el control de los atletas con relación a sus actividades y posibles lesiones que puedan arrastrar de cada modalidad y se corre el riesgo de perjudicar a sí mismos y a sus organizaciones.

Por último, es imperativo que la comercialización priorizada por asociaciones de empresarios no convierta a los boxeadores en meras mercancías. La búsqueda de beneficios económicos no debe estar por encima de la integridad del deporte. Recobrar un sentido de autenticidad en la forma en que se presentan los eventos de boxeo, así como en la promoción de los atletas, es crucial, pero con debido proceso reglamentario.

En resumen, el boxeo necesita un enfoque renovado que respete su rica historia y tradición mientras se adapta a los desafíos contemporáneos. La protección de los atletas, el respeto por la competencia y la autenticidad del deporte deben ser la piedra angular de cualquier futuro modelo de boxeo. Espero que se tomen medidas proactivas para abordar estos problemas y asegurar que el boxeo siga siendo un deporte noble y respetado.


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