¿Quién dirige el deporte paraguayo? Descentralización deportiva: ¿realidad o retórica?
¿Descentralización del deporte… o concentración institucional?
En los últimos años, el Comité Olímpico
Paraguayo (COP) ha promovido diversos proyectos en nombre del desarrollo y la
descentralización del deporte nacional. Sin embargo, detrás de esta narrativa
se percibe un modelo de concentración funcional, presupuestaria y política que
ha generado inquietud en el ecosistema federativo. Desde esta perspectiva,
resulta oportuno analizar los siguientes puntos:
1. La
autonomía federativa en riesgo
De acuerdo con la Ley N° 2874/06 del Deporte,
corresponde a las federaciones deportivas nacionales la organización, el
desarrollo técnico y la representación internacional de sus disciplinas. Son
ellas quienes seleccionan atletas, definen calendarios de competencias y
establecen criterios de formación. En este marco, el COP tiene como misión
representar al país ante el Comité Olímpico Internacional y fomentar el
olimpismo, pero no sustituir el rol operativo de las federaciones ni
crear reservas de atletas por fuera del sistema federado.
Lo que parece una descentralización
territorial podría convertirse en una recentralización institucional,
donde el COP actúa como administrador exclusivo de fondos estatales y programas
deportivos, desplazando a las federaciones y gobiernos locales del protagonismo
que la ley les concede.
2.
Megaobras deportivas: ¿legado o elefante blanco?
Entre los principales proyectos impulsados por
el COP se destaca la construcción del Centro Acuático Olímpico,
financiado con fondos públicos y mantenido por el Estado. La obra, de más de
USD 10 millones, se construyó sin estudios técnicos transparentes y en
detrimento de sectores como educación y salud, que se encuentran en condiciones
paupérrimas.
Paraguay no posee una base atlética de alto
rendimiento capaz de justificar semejante infraestructura ni garantizar su
sostenibilidad. El alto costo de mantenimiento, sumado a problemas logísticos y
de tránsito, lo convierte en un posible elefante blanco institucional,
que podría generar pérdidas a largo plazo para el Estado. A esto se suma la
posibilidad de que la obra haya sido ejecutada sin procesos licitatorios
adecuados, en complicidad entre el COP, la SND y el Gobierno Nacional,
con el objetivo de “darle vida” por unos años bajo una narrativa artificial de
legado olímpico.
3.
¿Inversión en deporte o concentración de poder?
Mientras se habla de inversión en deporte, los
atletas deben pagar por sus concentraciones y alimentación en instalaciones
administradas por el COP, como el hotel ubicado dentro de su sede. Este hecho
contradice el discurso institucional y evidencia una falta de apoyo estructural
para quienes representan al país.
Además, el presidente del COP, Camilo Pérez
López Moreira, concentra múltiples cargos nacionales e internacionales,
incluyendo funciones directivas en empresas privadas y fundaciones vinculadas
al deporte. Esta acumulación de poder operativo y financiero sugiere un modelo
de gestión que gira en torno a una sola figura, más que al desarrollo integral
del deporte paraguayo.
La pregunta legítima es: ¿cuándo trabaja
realmente Camilo Pérez en cada cargo? Y más aún, ¿cómo se fiscalizan los
proyectos millonarios de la fundación que dirige, cuando opera en el mismo
ecosistema que gestiona recursos públicos y programas deportivos?
4.
Desplazamiento de la Secretaría Nacional de Deportes
Actualmente, el COP ejerce una influencia
predominante sobre la Secretaría Nacional de Deportes (SND), entidad que
debería ser el órgano rector de la política deportiva nacional. El
actual secretario, César Ramírez, carece de formación técnica en gestión
deportiva y fue designado por razones eminentemente políticas. Esta situación
ha debilitado la capacidad de la SND para ejercer control, planificación y
fiscalización sobre los proyectos que promueve el COP.
En lugar de liderar el sistema, la SND respalda
decisiones externas sin ejercer un contrapeso técnico, lo que refuerza la
percepción de subordinación institucional. La falta de liderazgo estatal ha
dejado a las federaciones deportivas sin herramientas ni respaldo concreto para
cumplir su rol legal.
5. Opacidad
financiera y uso histórico de recursos
Informes de la Contraloría General han
señalado transferencias irregulares de fondos desde la SND al COP(2015),
sin convenios ni rendiciones de cuentas adecuadas. Esto refuerza la percepción
de que el COP no solo influye, sino que históricamente administra recursos
estatales sin los controles que exige la ley.
En este contexto, es legítimo preguntarse si
el deporte paraguayo está siendo dirigido por una entidad privada con intereses
propios, mientras la institución estatal que debería regular, planificar y
fiscalizar permanece en segundo plano, sin capacidad técnica ni autonomía
política.
Punto 6 –
El COP no está por encima de las federaciones nacionales
Es importante recordar que el Comité
Olímpico Paraguayo (COP), si bien representa al olimpismo en Paraguay ante
el Comité Olímpico Internacional, posee el mismo estatus jurídico que una
federación deportiva nacional. Ambas son asociaciones civiles reconocidas
por la Secretaría Nacional de Deportes (SND) y regidas por la Ley N° 2874/06
del Deporte.
Las federaciones nacionales tienen la
responsabilidad legal y técnica de desarrollar, promover, seleccionar y
proponer a sus atletas para competencias internacionales, incluyendo las de
carácter olímpico. Por lo tanto, no están subordinadas al COP, ni
jurídica ni operativamente. Su autonomía está respaldada por la ley y por las
entidades internacionales a las que están afiliadas, como federaciones
continentales y mundiales.
En este sentido, el proyecto de
“descentralización” impulsado por el COP no puede considerarse inclusivo ni
equitativo, ya que muchos deportes reconocidos en Paraguay no son
olímpicos. Ejemplos claros son el boxeo profesional, el boxeo amateur no
olímpico, el fútbol americano, el billar, el squash, entre otros2. Estas
disciplinas, aunque no estén en el programa olímpico, tienen federaciones
legítimas, atletas activos y reconocimiento nacional, por lo que no
deberían quedar excluidas de las políticas públicas deportivas.
Además, no existe ninguna ley que obligue a
una federación a pertenecer al olimpismo, ni a inscribirse en el COP. La
afiliación al movimiento olímpico es voluntaria y debe respetar la diversidad
del ecosistema deportivo paraguayo. En este contexto, el modelo actual parece
responder a un preconcepto institucional, donde los deportes no
olímpicos son tratados como secundarios, a pesar de su impacto social, cultural
y competitivo.
Conclusión
Es urgente revisar el modelo actual de
gobernanza deportiva, fortalecer la autonomía de las federaciones, garantizar
transparencia en el uso de recursos públicos y exigir criterios técnicos en la
conducción institucional. El deporte no debe servir como plataforma de
concentración política ni empresarial, sino como herramienta de desarrollo
colectivo, equitativo y sostenible.
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