Boxeo sin boxeadores, fondos sin atletas y poder sin límites: Bienvenidos al olimpismo paraguayo

En Paraguay, el deporte olímpico atraviesa una crisis institucional que pone en duda la transparencia, la legalidad y la autonomía de sus actores. El caso del boxeo revela cómo el poder se concentra, se administra sin controles claros y se impone por encima de las estructuras legítimas. Mientras los atletas siguen entrenando con recursos propios, las decisiones se toman desde escritorios más preocupados por el control que por el desarrollo deportivo.

Expulsión exprés: ¿Legalidad o capricho olímpico?

En octubre de 2024, el Comité Olímpico Paraguayo (COP) intimó a la Federación Paraguaya de Boxeo (FPB) a renunciar a la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) y adherirse a World Boxing, bajo amenaza de expulsión. El plazo: 72 horas. El problema: World Boxing aún no tenía reconocimiento oficial del Comité Olímpico Internacional (COI).

La expulsión se concretó en marzo de 2025, justo cuando el boxeo fue reincorporado al programa olímpico. Es decir, el COP exigió una decisión internacional sin respaldo legal, en tiempo récord y sin respetar los procesos reglamentarios. Aun así, la FPB ya tenía una solicitud activa ante World Boxing, dentro de los parámetros normales del deporte.

¿Quién necesita legalidad cuando se tiene apuro por controlar el ring?

La SND y su revocatoria sin advertencias

En mayo de 2025, la Secretaría Nacional de Deportes (SND) revocó el reconocimiento oficial de la FPB. Los argumentos: supuesta mala gestión, falta de rendición del periodo 2016 (heredado por la actual dirigencia 2021–2025), acefalía institucional y un informe del COP.

Sin embargo, la deuda del 2016 fue desestimada por la justicia en 2022, y el Tribunal Superior de Justicia Electoral ratificó la legitimidad de las autoridades actuales en 2023. La SND nunca emitió advertencias ni intimaciones previas por lo que en defensa del respeto y autonomia, la FPB ha iniciado un Juicio Contencioso Adminitrativo contra las acciones de la SND, que sigue activo.

Parece que la justicia tarda, pero la política deportiva no espera ni 72 horas. 

Comisión sin federación: ¿Administrar el vacío?

Antes de la revocatoria, el COP ya había creado en marzo de 2025 una “comisión de boxeo olímpico” presidida por Camilo Pérez y dos miembros de la SND. Esta comisión opera sin atletas federados, sin técnicos reconocidos y sin oficiales con trayectoria en la disciplina, sin tener en cuenta que dichas atribuciones no competen al COP, sino a la SND, previo proceso administrativo dentro de los parámetros formales.

¿Quiénes operan el nuevo modelo del boxeo paraguayo?

La comisión creada por el COP no tiene vínculo real con el boxeo. No hay cuadriláteros recorridos, ni guantes sudados, ni historia deportiva que respalde sus decisiones. Lo que se instala no es una estructura técnica, sino una plataforma de administración informal, donde el criterio deportivo es reemplazado por el caprichismo institucional.

Los espacios operativos del “nuevo modelo” no son gimnasios de boxeo, sino instalaciones de atletismo, hockey, kick boxing o cualquier otro escenario disponible. Total, el interés no es el desarrollo del boxeo, sino la gestión de desembolsos, la visibilidad de obras y el control de recursos. En este esquema, el deporte se convierte en excusa, y los cargos en moneda de cambio.

Ni el presidente del COP, Camilo Pérez, ni el ministro de Deportes, César Ramírez, han demostrado conocimiento real sobre el boxeo en su amplitud técnica, histórica y federativa. La pregunta inevitable es: ¿Quiénes serán las marionetas de esta estructura? Si quienes forman la comisión nunca han pisado un cuadrilátero, ¿estamos vendiendo cargos al mejor postor? ¿Estamos legitimando una estructura sin alma, sin atletas, sin memoria?

La falta de formación técnica del ministro lo convierte en un operador político más que en un referente deportivo. Su rol, lejos de fortalecer la institucionalidad, lo posiciona como ejecutor de decisiones externas. En este esquema, Camilo Pérez ejerce una influencia directa sobre la SND, como ya lo hizo en 2019, cuando intervino en el conflicto del taekwondo, presionando decisiones desde el COP sin respetar los procesos federativos.

La informalidad puede parecer útil en el corto plazo: permite decisiones rápidas, exhibiciones de gestión y supuestos logros que benefician a sus propulsores. Pero esa misma informalidad —sin estructura legítima, sin trazabilidad, sin estabilidad— termina por perjudicar al deporte nacional.

Fondos públicos: ¿Obras para mostrar, atletas para olvidar?

La FPB, pese a no recibir desembolsos estatales, siguió desarrollando el boxeo con fondos propios. Pagó concentraciones, alimentación y viajes de atletas para competencias internacionales, incluyendo Asu 2022. Históricamente, ha obtenido 10 medallas en juegos olímpicos y ha representado al país en torneos mundiales con resultados inéditos en 70 años de historia.

¿Para qué tener boxeadores si se puede tener presupuesto?

El COP recibe desembolsos estatales para el desarrollo del deporte olímpico, incluso para disciplinas que no tienen federación reconocida. En el caso del boxeo, el COP ha sido intermediario de fondos que no llegan directamente a los atletas.

Mientras se exhiben obras de infraestructura, los deportistas denuncian falta de apoyo básico.

En el olimpismo paraguayo, los ladrillos pesan más que las medallas.

Intereses cruzados: ¿Deporte o patrimonio personal?

Camilo Pérez López Moreira ocupa varios cargos en el olimpismo internacional, dirige dos empresas privadas y una fundación deportiva. Esta concentración de poder plantea dudas sobre posibles conflictos de interés. ¿Por qué se insiste en administrar el boxeo sin estructura federativa legítima?

El deporte como empresa familiar: medallas opcionales, poder obligatorio.

Transparencia en juego: ¿Quién controla el dinero del deporte?

La falta de trazabilidad en los desembolsos públicos al COP, sumada a la opacidad en la ejecución, despierta interrogantes sobre el uso real de los fondos. ¿Quién audita los vínculos entre el COP, la SND y las empresas privadas vinculadas al presidente del olimpismo paraguayo? Teniendo en cuenta que no se trata solo de fondos privados.

Cuando los atletas entrenan con recursos propios y las federaciones son desplazadas, ¿a quién beneficia realmente el modelo de descentralización con centralización del COP?

Una vez más, se apela a la ilusión de los atletas —jóvenes esperanzados, sin estructura ni respaldo real— para justificar decisiones que responden más a intereses personales que a objetivos deportivos. Todos saben que no tendrán oportunidades reales, pero sirven para mantener activa la maquinaria de desembolsos. El deporte, en este esquema, es solo una excusa.

Informalidad funcional: ¿logros o espejismos?

La informalidad puede parecer útil en el corto plazo: permite decisiones rápidas, exhibiciones de gestión y supuestos logros que benefician a sus propulsores. Pero esa misma informalidad —sin estructura legítima, sin trazabilidad, sin estabilidad— termina por perjudicar al deporte nacional.

A mediano y largo plazo, mata el desarrollo serio, debilita a sus verdaderos protagonistas y destruye tanto las estructuras edilicias como las dirigencias que nacen sin raíces. Lo que se construye sin legitimidad, se derrumba sin resistencia.

Conclusión: ¿Qué modelo de deporte queremos?

El caso del boxeo paraguayo revela una tensión profunda entre centralización y autonomía, entre gestión institucional y protagonismo federativo. La pregunta de fondo es clara:

¿Queremos un deporte administrado desde escritorios o uno construido desde el esfuerzo de atletas, técnicos y federaciones legítimas?

Comentários

Postagens mais visitadas deste blog

El deporte, según la SND: tragicomedia institucional con pretensiones olímpicas

El Zar de los Anillos: Camilo I y el reinado sin alternancia

¿Quién dirige el deporte paraguayo? Descentralización deportiva: ¿realidad o retórica?